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“Me infiltré en un partido político para conocer desde dentro cómo funciona eso que llaman el aparato y poder escribir sobre ello”

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Paz Castelló cumple una década en la literatura y lo celebra con la publicación de su cuarta novela, La llave 104, en librerías el 7 de mayo con el sello Umbriel, un apasionante thriller sobre las corruptelas políticas y el poder de la ambición.

Premio Letras del Mediterráneo 2018 en la modalidad de Narrativa con su novela Dieciocho meses y un día, esta periodista alicantina, con formación jurídica, dijo en 2009 que llegaba al mundo literario para quedarse y lo ha cumplido. Se define como incombustible, metódica y visceral. Su obra mantiene un equilibrio perfecto entre la sensibilidad y el misterio. Confiesa que es una asesina en serie literaria, con alma de poeta. La primera pregunta es obligada. ¿Deberíamos tenerle miedo?

En absoluto. En la vida real no mato ni a una mosca, lo que ocurre es que la literatura es tan libre, que te permite tomarte la justicia por tu mano, teorizar acerca de cómo podrían ser las cosas, hacer y deshacer a tu antojo a través de los personajes. Es casi una catarsis. Bromeo diciendo que soy una asesina en serie, pero siempre literaria, porque escribo thriller y ya llevo unos cuantos asesinatos a mis espaldas. También es cierto que suelo plasmar mis filias y mis fobias en mis historias, como hacemos la mayoría de los escritores. En realidad soy más poeta que asesina. Empecé a darme a conocer con mis escritos poéticos a través de mi página web.

Diez años, un premio literario, cuatro novelas publicadas y algunos proyectos esperando a ver la luz. ¿Cuál es el balance de esta década tan productiva?

Increíblemente positivo. Desde luego no ha sido fácil, pero todo lo que merece la pena en la vida requiere siempre de mucho esfuerzo y constancia, también de mucha fe. He trabajado todos los días de estos diez años y siempre sin saber si obtendría algo a cambio. La literatura no tiene vacaciones, es una forma de vida. Nadie me ha regalado nada y conozco el precio que ha supuesto llegar hasta aquí, y el que implica mantenerse. Muchas veces este recorrido ha sido un ejercicio de reafirmación, de convencerme de que realmente quería hacer esto. Por eso lo valoro tan positivamente, porque hubo momentos en los que el verbo abandonar intentó seducirme. Pero no lo consiguió. Yo soy muy cabezota, aunque ahora lo llaman perseverante. Para mí, cada lector es un tesoro, una recompensa a años y años de esfuerzo. Además, no podría haberlo hecho sola. He tenido grandes apoyos, personas que han creído en mí desde el principio como mi familia, mi agente Sandra Bruna y todo el equipo de Ediciones Umbriel, entre otros muchos.

Hablemos de sus novelas. Usted las define como novelas protesta. ¿Por qué?

Porque siempre trato temas socialmente sensibles y de actualidad. Utilizo la literatura y toda la subjetividad que te permite plasmar, para denunciar injusticias sociales, para visibilizar problemas o para reivindicar derechos y valores. Creo que una novela es un excelente vehículo de comunicación que invita a la reflexión y puesto que como periodista siempre me he visto obligada a mantener la objetividad en mi trabajo, mi faceta de escritora me ha permitido liberar opiniones, creencias, posicionamientos y pensamientos subjetivos a través de mis personajes. Mi nombre escrito en la puerta de un váter (Umbriel 2017), por ejemplo, visibilizaba las dificultades para publicar de los escritores desconocidos frente a la impunidad de los personajes famosos a los que se les abren todas las puertas. El oficio de escritor es terriblemente injusto, muchas veces escribiendo en la sombra para otros que se llevan el reconocimiento. Es una novela protesta sobre metaliteratura. Por su parte, Dieciocho meses y un día (Umbriel 2018) aborda la lacra social de la violencia de género desde el punto de vista de las víctimas silenciosas, el entorno de la mujer asesinada, que es invisible para la sociedad y por no aparecer, no aparece ni en las estadísticas. De hecho, mi primera novela, La muerte del 9 (2013) ya denunciaba las cloacas del fútbol.

Y ahora le toca el turno al mundo de la política con la La llave 104.

Así es. Pero no solo de política habla la novela. También de ambición, de poder, de superación y de miedos. Me gusta explorar la condición humana expuesta a situaciones límite, como quien observa bajo un microscopio el comportamiento de la vida. Es algo así como un Gran Hermano gigantesco donde cada uno de nosotros trazamos una estrategia y yo estoy ahí para escribirla.

Usted conoce muy bien el mundo de la política. De sus treinta años como profesional de la comunicación, diez de ellos han sido como asesora en este entorno. ¿Fue esta experiencia la que la llevó a escribir La llave 104?

La novela cuenta una historia de ficción, con personajes que no son reales. Los periodistas y los escritores somos grandes observadores de la realidad. Las mejores historias siempre las ofrece la vida diaria. Mi experiencia profesional ha sido fundamental para empaparme del mundo político. Eso no quiere decir que escriba sobre hechos o circunstancias que haya vivido en primera persona, pero sí ayuda a poner el foco de atención en una realidad determinada para después plasmarla en forma de ficción.

¿Por eso llegó a entrar en un partido político?

No lo planifiqué, surgió por circunstancias profesionales. Se me contrató como asesora independiente pero pronto me invitaron, vamos a decirlo así, a formar parte de una agrupación. Al principio no tenía la más mínima intención de aceptar el ofrecimiento; había tenido otros anteriormente que había rechazado; pero entonces me di cuenta de que era el momento, que en realidad la vida me estaba poniendo en bandeja la oportunidad perfecta para observar desde dentro el funcionamiento de eso que llaman «el aparato» y que influye tanto en el comportamiento y el pensamiento individual de sus miembros, hasta el punto, en mi opinión, de anularlo. Desde la perspectiva literaria fue muy enriquecedor, por el punto de vista interno que me ofreció, y no descarto escribir más sobre ello.

¿Cuál fue su experiencia?

Lo soporté durante poco más de un año. Con mi amplio bagaje en este mundo, he llegado a la conclusión de que los partidos políticos en ocasiones se comportan como microsociedades cuyo funcionamiento es mitad secta, mitad mafia, entendido en el sentido más endogámico de la expresión. Primero hay un proceso de captación, que te venden como si fueras el gran elegido, y una vez dentro, debes pertenecer a una determinada familia. No se permiten las individualidades ni intelectuales, ni sociales. Yo creo que por temor a que destaques de entre el grupo. Es lo que llaman la «disciplina de partido» que no es más que un intento de anular tu pensamiento crítico. La dinámica interna es antropofágica, se devoran entre ellos. Tu supervivencia política nunca pasa por tus méritos, ni por tu cualificación profesional, ni por lo que seas capaz de aportar al bien común, ni a la organización, sino más bien por tu capacidad de doblegarte al servicio de ese aparato y de aquellos miembros que mueven los hilos, que normalmente no son los líderes visibles. He conocido auténticos casos de Síndrome de Hybris, de manual, personas a las que el poder les ha quitado la máscara y han desvelado su verdadera personalidad, egocéntrica y autoritaria. Y no lo digo yo, de hecho, la Historia está plagada de ejemplos.

¿Dónde más le gustaría infiltrarse para luego poder escribir sobre ello?

Sin dudarlo, en el Vaticano. Pero me temo que es una tarea bastante complicada, aunque nunca se sabe.

¿Qué supuso para usted el Galardón Letras del Mediterráneo que le otorgó la Diputación de Castellón por Dieciocho meses y un día en 2018?

Un premio siempre te da visibilidad y eso, cuando estás intentando abrirte camino, se agradece mucho. El mundo literario es una selva. Se publican cerca de mil libros al mes y que el tuyo destaque por haber recibido un galardón como este, supone una gran satisfacción porque te permite llegar a más lectores y además es una reafirmación de tu trabajo. Es como si te dieran una palmadita en la espalda y te dijeran, «buen trabajo, sigue así», y en la soledad del escritor, ese es un gran gesto.

Sus novelas se han publicado en España, Hispanoamérica y Estados Unidos. ¿Hasta dónde quiere llegar?

No sólo se han publicado en muchos países de habla hispana, sino que además se han leído en infinidad de rincones del mundo. Hay castellanoparlantes por todas partes y en ocasiones me han sorprendido lectores, desde rincones muy variopintos del planeta, diciéndome que han leído alguna de mis novelas. Yo no me pongo límites. Si miro hacia arriba todo es cielo, no hay techo. Me gusta que la vida me sorprenda.

¿Por qué deberíamos leer La llave 104?

Porque he pretendido que sea una historia que haga reflexionar al lector. En general es una característica de mis novelas. Quiero que el lector tenga una parte activa en el proceso creativo y se implique conmigo a través de los personajes. Hay historias tremendas que apenas ocupan veinte segundos en un informativo y nunca más se vuelve a hablar de ellas. La historia de Virginia Rives o Reina Antón, las dos mujeres protagonistas, bien podrían ser una de esas noticias que pasan casi desapercibidas.

Escribe mucho sobre mujeres.

Las mujeres de mis libros son mujeres fuertes. Tienen la fortaleza que se obtiene cuando te han roto muchas veces y te has vuelto a construir pegando los pedazos. Son mujeres heridas que se levantan cada día y luchan, a pesar de sus miedos, de sus miserias, de su pasado o de sus circunstancias adversas. Me gustan esos personajes porque tienen mucha parte emocional en la que escarbar. La mayoría de mis lectores se identifican con ellas, también los lectores masculinos. Además, no sólo escribo sobre mujeres, también sobre hombres que no tienen miedo a mostrar su parte más emocional.