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Elisa Villalta, la fundadora socialista

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Apretó el puño tan fuerte que se hizo sangre. Le ocurrió a Miguel Ángel cuando rememoraba y describía a su madre, Elisa, durante el velatorio en el tanatorio Cristo de la paz.

En la mañana del domingo 26 de agosto falleció Elisa Villalta Sánchez (1930-2018). Fue una de las primeras mujeres de San Vicente del Raspeig dedicadas a la política y al sindicalismo, junto con Azucena Díaz. Ambas rompieron el techo de cristal de la época, en un mundo copado por hombres.

A Elisa Villalta, la conocen los más antiguos militantes de la agrupación socialista sanvicentera por ser la fundadora o primera secretaria general. Permaneció poco en el liderazgo de la agrupación, ya que nada más constituirse de manera oficial acabó dirigida por una gestora por desavenencias entre militantes.

Su casa se convirtió en la primera sede del PSOE en San Vicente. Fue en el primer piso de la calle Manuel Domínguez Margarit, número 10. Allí Elisa habilitó un espacio para las reuniones y asambleas con el permiso de su marido e hijos. Los socialistas sanvicenteros por fin ejercían su militancia tras años haciéndolo en la sede de la agrupación de la vecina Alicante.

Siempre fue la orgullosa sobrina de Miguel Villalta Gisbert, abogado, juez y político de Monóvar que llegó a ser diputado socialista y gobernador civil de Madrid, y que, tras muchas y dramáticas vicisitudes, fue fusilado tras un sumarísimo de urgencia en 1942 cuando contaba con 38 años de edad. Elisa, dedicó gran parte de su vida a honrar y recuperar la figura de su tío Miguel.

Su trayectoria política fue corta pero muy intensa. Dio el salto decidido, cuando, en junio de 1977 intervino como significada militante socialista en la presentación de la candidatura provincial del PSOE al Congreso de los Diputados. En este acto compartió atril junto al cabeza de lista provincial, Antonio García Miralles, y los números dos y tres de la lista, Joaquín Fuster y Asunción Cruañes.

En diciembre de ese mismo año, fue elegida miembro de la comisión de conflictos provincial de UGT, junto a Diego Maciá, Mario Candela, Joaquín Molina y Gumersindo Olivares.
El 3 de abril de 1979, tras las primeras elecciones municipales de la etapa democrática, se convirtió en la primera concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de San Vicente. En octubre de ese mismo año, a los pocos meses en la vida pública, dejó su acta de concejal por hastío personal con la política. Su escaño municipal fue a parar a Fernando Díaz Gil, porque José Barea Agenjo, sustituto directo de Elisa, renunció a incorporarse al ayuntamiento.

Dentro del movimiento vecinal, una vez retirada de la política, en 1981, como residente en la avenida de la Libertad, promovió junto con un centenar de vecinos que esta calle recuperase el nombre de avenida de la Victoria, el cual había sido modificado por acuerdo plenario de todas las fuerzas políticas de la corporación en 1979.

Además de su entrega a la política, fue una reconocida feligresa cristiana. Protagonista de uno de los momentos más importantes de la historia eclesiástica de nuestro municipio, cuando en 1974, las campanas de la iglesia San Vicente Ferrer no pudieron ser volteadas porque el edificio, principalmente el campanario, tenía problemas estructurales con alerta de derrumbamiento. Este año las fiestas permanecieron enmudecidas, donde las campanas no pudieron ofrecer su sonoridad, introito y regocijo.

Ante esto, un grupo de vecinos se organizó para restaurar el templo, consiguiendo aportaciones de empresas y donaciones de vecinos. Elisa Villalta jugó un papel esencial en esta comisión que consiguió restaurar la iglesia junto a Mariano Carbonell Montoyo, Fernando Monllor Lillo, Eugenio Guijarro Moltó, José Valverde Serrano, Victoriano Guijarro Alós, Juan Sogorb Santana, Francisco Aznar Ros, José Bernal Martínez, Baldomero Santana Mogica, Antonio García Boluda, María Ibiza Nogueras, Neri Granda Salvatores y Ascensión Guijarro Zaballos.

Un flechazo le hizo conocer al amor de su vida mientras permanecía exiliada en la ciudad
argelina de Orán. Su amor de vida fue Ladislao Schiller Kosztelnik, un militar húngaro
que cumplía destino en Orán tras dos campañas en Indochina. En Orán tuvieron a su primer hijo, Francisco, y posteriormente la familia se trasladó a San Vicente del Raspeig,
localidad natal de la abuela de Elisa. En las tierras de El Raspeig tuvieron dos hijos más,
Ladislao y Miguel Ángel.

Cuando Elisa decidió abandonar la política, no regresó jamás. Ella era así, de fuertes
convicciones y una personalidad muy definida. En contra de su voluntad, o no, su
recuerdo siempre estará ligado al Partido Socialista de San Vicente.

José Luis Lorenzo